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LA VIDA ESPERABA ALGO DE EL

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En 1954, un sacerdote francés, el abate Pierre, hace un llamamiento en Radio Luxemburgo, que lo hará conocido en su país y más allá de sus fronteras.

Dijo por radio: “Una mujer acaba de morir congelada esta madrugada en la acera del bulevar de Sebastopol, manteniendo aún aferrada a su mano la notificación judicial de expulsión de su domicilio. No podemos aceptar que sigan muriendo personas como ella. Cada noche son más de dos mil personas soportando el hielo, sin techo, sin pan, más de uno casi desnudo; para esta misma noche es necesario reunir 5 000 mantas, 300 grandes tiendas de campaña, 200 ollas. Venid los que podáis con camiones para ayudar al reparto, al Hotel Rochester, calle Le Boétie 92. Imploro, frente a los hermanos que mueren de miseria, aumente en nosotros el amor para hacer desaparecer esta lacra. ¡Que tanto dolor despierte el alma maravillosa de Francia!”

Generó un gran impacto en la conciencia de los franceses y miles de personas se agolparon a ayudar. El Abate Pierre había fundado la comunidad Emaús, que procuraba ayudar a los más necesitados, recuperando objetos en desuso. Pero como vimos, recién se conoció todo esto en 1954 cuando hizo su famoso llamado por radio.

El Abate Pierre, recibió varios premios internacionales y la máxima condecoración de su país por su trabajo en servicio del prójimo.

Hay algo particular en los orígenes de esa obra, el primer voluntario que tuvo fue un ex presidiario que había querido suicidarse.

El abate Pierre había acudido en auxilio de un hombre que había intentado suicidarse. Ese hombre se llamaba Georges y había estado en la cárcel, condenado por asesinato. Cuando dejó la prisión, su mujer lo había abandonado y su hija no lo quería. Estaba desamparado a su suerte. No esperaba nada de la vida y por eso había tomado la decisión de quitársela.

El Abate Pierre cuenta: “Sin saber qué hacer para ayudarlo, hice lo contrario de la beneficencia tradicional… En vez de decirle voy a darte una casa y dinero…Le explique mi situación, las dificultades que tenía para ayudar a tanta gente sin casa… Y lo invité para que viniera a ayudarme a ayudar a otros…”. y Geroges le dijo: “Padre si usted me hubiera dado dinero, una casa, trabajo, yo me habría vuelto a suicidar; porque lo que me faltaba en ese momento no era de qué vivir, sino una razón para vivir, de sentir cuando otro esta afligido”

Ese sacerdote le había hecho recobrar su propia dignidad de persona que no es descartable, que no es superflua, que no está condenada por su pasado y que siempre puede “redimirse”. Alguien lo necesitaba para ayudar al otro. Ya no pensaría tanto en sus problemas, sino saldría a ocuparse de los problemas de otras personas que aguardan por ayuda.

Georges no esperaba nada de la vida, pero la vida esperaba algo de él.

Cada vez hay más organizaciones de voluntariado. Un gran tesoro para una comunidad, porque la une en torno a volcar sus energías en tareas de servicio y compromiso humano de todo tipo. Pero además y fundamentalmente,  porque facilitan un espacio para que las personas puedan dar lo que ellas solamente son capaces: amor y cercanía.

La comunidad se ve favorecida, pero además, el voluntario, descubre un sentido valioso por el que entregar su tiempo y esfuerzo. Esto le produce felicidad y lo ayuda a darse cuenta de que tiene una misión irreemplazable en la vida ya que sin su esfuerzo, esa persona que visita, enseña, acompaña, ayuda, quedará sin esa compañía que lo hacía sentir querido y estimulado para salir adelante de su problema.

El voluntario, toma conciencia de que puede cambiar el mundo que lo rodea, cambiando lo que está a su alcance. En ese encuentro humano, no contará la lógica de considerar de mayor o menor importancia la tarea que se desarrolla, sino que comprenderá que una persona vale el universo. Cada esfuerzo individual ayuda a aumentar, las “reservas de humanidad y amabilidad que hay en el mundo” como decía el abate Pierre.

En tu pueblo, en tu ciudad, podes participar de alguna tarea de voluntariado. Es cosa de que averigües todas las instituciones que prestan servicio y vayas a tocar sus puertas para ofrecerte a aquella que despierte más tu vocación. Te dará felicidad en tu vida y darás felicidad a aquel con el que salís al encuentro. Así como Geroges, la vida espera algo de nosotros.

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