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La ciencia y el puesto del hombre en el cosmos

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Cuando uno mira el cielo nocturno, surge casi siempre esa idea de la inmensidad del cosmos y la necesidad de preguntarse de donde vino todo. Lo mismo pasa cuando contemplamos la diversidad de formas de vida que hay en nuestro planeta.

Son interrogantes que abordó la filosofía y las distintas tradiciones religiosas.

Hoy también las ciencias que estudian el universo, la cosmología y la física teórica así como las  ciencias biológicas, se hacen preguntas que avanzan sobre esos campos, que van más allá de las propias áreas de estudio.

Ese universo, que según la teoría más aceptada, surgió del Big Bang, hace más de 14 mil millones de años, se sigue expandiendo desde ese primer inicio en donde la materia estaba como concentrada bajo temperaturas enormes e impensables.

El tiempo y el espacio de todo el universo superan la posibilidad de imaginarlo. La tierra surgió como tal hace 4.5 mil millones de años, cifra que nos indica la radical pequeñez de la vida humana.

Nuestro universo está compuesto por más de cien mil millones de galaxias y para darnos una idea, la nuestra, la Vía Láctea, tiene más de 200 mil millones de estrellas.

Pero, además de ese macrocosmos, está el microcosmos de las partículas elementales. Un mundo misterioso y también inmenso, donde las partículas sub atómicas “danzan” frenéticamente.

Desde esas partículas, como los quarks, hasta los planetas, desde las galaxias hasta esquemas organizativos complejos de la materia, desde las moléculas hasta las células y los organismos vivos, los números y cualidades de todo lo que nos rodea es abrumador.

La ciencia sólo formula hipótesis sobre como se pudo originar la vida a partir de la materia inerte. La que sostiene que las millones de especies que existen en el mundo han sido producidas sólo por mutaciones azarosas y luego validadas por la selección natural, chocan con las posibilidades que surgen de los grandes números de las estadísticas. Por otro lado, el mismo Darwin, cuando consideraba la complejidad del ojo como estructura orgánica, no encontraba una respuesta adecuada en el dios azar. La evolución parece tener una direccionalidad.

El cosmos sería lo opuesto al caos. Posee leyes químicas y fuerzas físicas que explican en gran medida su funcionamiento y en caso de la biología, esto también aparece.

Hay como una estructura matemática en el macro y micro universo. Algunos dicen que la materia es infinita, no tiene comienzo ni final, otros sostienen que esto no es así. Aquí la ciencia se abre a la discusión filosófica y hasta teológica.

Preguntas como “de donde surgieron estas leyes y fuerzas que rigen en universo” o “porque existe algo en vez de nada”, son espacios en donde la física teórica y la cuántica, entre otras, se unen al mundo de la filosofía.

Pero, además de todo esto, está “el mundo interior” del ser humano. Un ser con “conciencia”, que puede reflexionar sobre sí mismo y sobre todo lo que existe. Alguien insignificante pero a la vez que incluye en sí mismo las perfecciones del universo; alguien que es parte del mundo, aunque de alguna manera también lo trasciende. Esto también es motivo de discusión en la ciencia y la filosofía.

Si consideramos que el hombre es libre, aunque condicionado, nos abrimos a la perspectiva de que hay una diferencia entre el “sistema nervioso” y la mente. El helio y el hidrógeno no podrían explicar adecuadamente al hombre y su puesto en el cosmos.

De alguna manera todo el macro y micro universo que lo rodea,  produce en el ser humano un sentimiento de poder pero también un sentido de límite, de fragilidad.

El ser humano siente la necesidad de indagar. Esa voluntad de saber es una huella de una dimensión que lo hace parte y distinto del mundo orgánico.Como un filósofo dijo, está “abierto al mundo, no ligado al mundo”.

Muchos de estos debates nunca tendrán un cierre, aunque se enriquezcan las perspectivas que participan del mismo.

Ahora más que nunca, cuando la ciencia hace avances tan espectaculares, está llamada a asumir la responsabilidad de su tarea en terrenos como por ejemplo la ingeniería genética.

El cientificismo que cosifique o reduzca al ser humano a ser un objeto de la manipulación sin limites puede llevarnos a lo contrario a lo que esta llamada la ciencia que es descubrir el “como” pero sirviendo a la humanidad. La discusión ética en estos terrenos nunca puede ser soslayada.

Pero también es fundamental que los seres humanos pongamos esfuerzo en conocer el “mundo interior” que poseemos. Esto será un camino para ganar en  “sabiduría de vida”.

Durante toda la historia de la humanidad, diferentes creencias y filosofías han propuesto y proponen a cada ser humano y a cada sociedad caminos para vivir en plenitud. Si no profundizamos este conocimiento dejaremos inexplorado lo más importante de la riqueza de nuestra existencia.

Sobre esto último, valen las palabras de Martin Luther King: “Hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.”

Matías Cánepa   www.matiascanepa.com

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